ENTREVISTA A JOAQUÍN PÉREZ AZAUSTRE

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Por Ignacio Gil Duque;

Hace unos días, realicé una entrevista a Joaquín Pérez Azaustre, un relevante escritor cordobés, autor de libros como; Las Ollerías, Los nadadores o Corazones en la oscuridad, tanto en prosa como verso.

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Imagen de El Cultural

He aquí la entrevista;

1– ¿Qué le motivo a ser escritor? ¿Por qué eligió estudiar Derecho?

Esta pregunta, no por acostumbrada, porque me la han hecho muchas veces, tiene una respuesta fácil. Empezaré por la segunda parte: estudié Derecho por eliminación, porque ninguna licenciatura me atraía con la suficiente pasión, ni siquiera Filología Hispánica. Tenía entonces esa especie de arrogancia juvenil de querer aprenderlo todo por mi cuenta. Luego, claro, comprendes que las cosas no son así: la escritura es, en buena medida, autodidacta, sí, pero también necesitamos maestros, y nos pasamos la vida aprendiendo de los otros. Me pareció que Derecho me podía dar una perspectiva sobre la vida, sobre el asunto humano, en definitiva –tan importante para un escritor- fuera de los márgenes de las novelas y de los libros de poesía. En ese sentido, ha sido un buen complemento, sobre todo para mi actividad periodística, porque empecé a publicar columnas de opinión con 18 años. En cuanto a ser escritor, creo que uno puede –y debe- adiestrarse en el oficio, cultivarse en la lectura, mejorar, en suma, el tratamiento de los textos, aprender los secretos de la narración, el fulgor de un símbolo poético… Aunque si no naces con esa necesidad, con esa pulsión dentro de ti, no serás escritor. Es un camino demasiado difícil y demasiado duro, pese a los brillos que puedan percibirse desde fuera. Es una forma de entender la vida, de respirarla y vivirla. Por eso creo que, en realidad, no se elige, no hay algo que te motive. Simplemente sucede, y escuchas la llamada de tu vocación, o no la escuchas. Es difícil seguirla, pero te hace feliz. Pero sin una vocación verdadera, más sólida que una roca, nadie podría dedicarse a la literatura.

 

2- ¿De qué obra se siente más orgulloso? ¿De dónde obtiene tanta inspiración para escribirlas?

 

Bueno, eso de “tanta inspiración” es un cumplido que te agradezco. En poesía, sólo escribo lo que he sentido. No hay poema sin latigazo emocional previo, sin calambrazo de emoción y vida. Así que, cuando llega, se escribe. La novela es distinta: una historia tiene que ganar fuerza dentro de ti: porque, si te determinas a escribirla, vas a convivir con ella, con sus personajes, con ese mundo, durante varios meses, hasta años. Es necesario sentir que no podrías dejar de contarla. Entonces sabes que tienes una historia. No me siento orgulloso, sino satisfecho, por todos mis libros. Pero si tengo que elegir, te diría que lo estoy especialmente de mis novelas Los nadadores–traducida a cuatro idiomas- y Corazones en la oscuridad, publicadas las dos en Anagrama, y de mis dos libros de poemas Las Ollerías y Vida y leyenda del jinete eléctrico, ambos en Visor.

 

3-¿Cómo han influido sus padres en su futuro?

La influencia de los padres, por acción u omisión, es siempre decisiva. Uno siempre se proyecta en ellos. Incluso los escritores huérfanos acaban fabulando sobre cómo podrían haber sido sus padres. Para lo bueno y para lo malo, los padres nos marcan, tanto como nosotros marcaremos después a nuestros hijos. Hablando de lo estrictamente literario, creo que para mí ha sido muy bueno que en mi casa hubiera libros. Mi madre es maestra y fue quien me enseñó a leer. Por otro lado, recuerdo siempre a mi padre sentado en un sillón, los domingos por la tarde, o en cualquier ocasión, con un libro entre las manos. Esa costumbre de los libros, con su trato y su tacto, en mi caso ha sido muy importante.

 

4-¿Qué es lo que más destaca de ellos?

Mis padres me han enseñado el valor del trabajo y del esfuerzo, importante para salir adelante en la vida. En el caso de un escritor, como sabían bien Scott Fitzgerald y Hemingway, es fundamental no darte por vencido. Eso lo he aprendido de mis padres.

 

5-¿Qué prefiere escribir; prosa o verso?¿Cuál es más complicada de elaborar según su opinión?

Para mí es la misma sustancia, una especie de natación hacia dentro, hacia una verdad íntima que anida en el centro de uno mismo. En virtud de que sea una emoción puntual, o la narración de un relato, preferiré una u otro, porque sus respiraciones son distintas.

 

6- ¿Qué consejos daría a alguien que quisiera ser escritor?

En primer lugar, que disfrute leyendo. Que aprenda a respetar la tradición, a conocer a los grandes maestros que ha habido antes. Que aprenda a entenderlos y que los asimile, tanto de la tradición en castellano como la europea y la norteamericana. En segundo lugar, que tenga autocrítica, que aprenda a cuestionarse a sí mismo, pero sin que ese sentido del análisis de los propios textos se convierta en una losa que le impida avanzar. En tercer lugar, que se busque un trabajo que le permita ganar lo suficiente para vivir, pero que le permita, también, tener algunas horas libres al cabo del día para escribir. Y, sobre todo, que cuide y que proteja su vocación frente a las durezas del mundo exterior.

 

7-¿Ha sufrido alguna vez falta de inspiración o un bloqueo mental?

No exactamente. Pero sí que he sentido que debía parar para replantear, pongo por caso, la estructura de una novela, porque me he dado cuenta de que el enfoque que le había dado no era el mejor para su desarrollo. El texto, normalmente, te avisa de esas cosas, con una especie de alarma interior que suena si algo no va bien. Esto sí me ha pasado.

 

8-Usted también escribe en el Diario Córdoba y en el Diario Abierto, y ha escrito antes en otros medios, como El País; ¿sobre qué temas le gusta escribir en estos periódicos?

Fundamentalmente, actualidad política y literatura. A veces, también de cine.

 

9-¿Qué opina sobre la sociedad actual?

Vivimos una época tan difícil como otras. No creo que debamos lanzar un mensaje de pesimismo, porque siempre ha parecido que el mundo está a punto de explotar, y no podemos ahogar a la juventud en nuestros temores, o nuestros fracasos, porque son sólo nuestros. Los adultos debemos trabajar por dejar, al menos, un terreno fértil para la esperanza. Es cierto que ahora, como antes, afloran los radicalismos: tenemos miedo de la pobreza, del hambre y la violencia, y por eso nos refugiamos en los extremismos, ideológicos o religiosos. Ya ha pasado antes. Pero también hay hombres y mujeres, como los hubo ayer, con personalidad y un fuerte pensamiento individual. Y cuando digo individual, no quiero decir individualista, porque se puede tener un criterio propio y orientarlo hacia el bien de la comunidad. Hablo de gente con ideas libres, que no se deje engañar por el dogmatismo. En esa gente creo. Es la gente que cambia el mundo.

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